Ya estoy aquí. Dice el refrán que más vale tarde que nunca.
Aprovechando que he tenido que redactar un texto para mis clases he decidido matar dos pájaros de un tiro y compartirlo con vosotros.
De todos hes sabido que la mayoría de los países orientales no gozan de democracia, lo que está íntimamente ligado a que los derechos humanos se cumplen poco o nada. Si estas naciones tienen algún valor mundial, llamémoslo petróleo, los países restantes, y en concreto Estados Unidos, pondrán un grito en el cielo; si no lo tienen... pues nada, ni caso, como si no existieran.
China es un caso muy peculiar. Como todo el planeta conoce, tiene un régimen dictatorial, donde sus gentes no tienen ni voz ni voto. La libertad de expresión es una utopía y está coartada por lo que nadie puede salirse de los márgenes establecidos.
Raramente vemos en las noticias alguna referencia sobre algún caso en el que el gobierno actue sobre los subversivos, sobre las personas que están en contra de las mentes dictatoriales. Y, por supuesto, el ogro americano, ni se asoma.

Esto tiene una explicación. China está disfrazada de superpotencia y, como dice la frase, si no puedes con ellos, únete a ellos. Este país ha creado un imperio industrial a costa de sus súbditos, con salarios ínfimos, trabajando hacinados y de sol a sol; sin ningún derecho.

Por el contrario, los países desarrollados no denuncian estos hechos, se unen al crimen.

Desmantelan sus fábricas por todo el mundo para instalarlas en su particular paraíso, donde nadie protesta y acatan todas las barbaridades exigidas.

¿Por qué no se publica que China pertenece a la lista de países donde se violan los derechos humanos en vez de aclamar, a bombo y platillo, que tenemos una nueva superpotencia?

El poder es el poder.




