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viernes, 22 de octubre de 2010

A mi Máma



No penséis que la tilde esta mal colocada, esta bien. Mamá es madre y máma es mi máma y la de otros muchos. Nunca le gustó que la llamáramos abuela, eso la hacia sentirse vieja.

Como ya sabéis, mis entradas me gustan acompañarlas de imágenes, casi siempre buscadas en la red y lo más parecidas a la realidad de lo escrito pero, en esta ocasión, no va a poder ser. El personaje de esta entrada es único y no hay nada que se asemeje ni se acerque siquiera.

Mi Máma ...

Es facil de recordar.
Su cara estaba marcada por el paso del tiempo, por el trabajo, por la lucha diaria durante muchos años por sacar una familia adelante. Un rostro que, con la edad, se convirtio en dulce, apacible y sosegado; emanaba simpatia, felicidad y, sobre todo, descanso. Descanso por tener casi todo estabilizado, porque había ganado su batalla con la vida y, sobre todo, había derrotado al fracaso.
Pelo canoso, retocado desde primera hora de la mañana y siempre en perfecto estado, de peluqueria o de rulos caseros y redecilla, daba igual con tal de llevarlo arreglado ( la coquetería no decae con la edad ). Tenia que ir presentable a su cafelito matutino. Podía faltar para pan pero no para eso, lo disfrutaba. Fiel a sus creencias siempre llevaba vestido negro riguroso, como mandan los cánones del luto. No recuerdo verla de otra manera.

Era una mujer recta aunque, al paso de los años, el tiempo la hablandó un poquito; siempre que podía te hacia un quite, con las regañinas, el almuerzo que no te comías y te esperaba para la merienda siempre desaparecía, los veinte durillos cuando cobraba ... mil cosas.
Fué madre de sus hijos y nietos y abuela de sus bisnietos.

Una cosa que recuerdo perfectamente y que le tengo mucho cariño (en su momento me molestaba) era cuando se sentaba en su sillón después de comer; se quedaba completamente dormida viendo aquel famoso programa de Canal Sur de los pueblos, cambiabas de canal y, automáticamente, abría los ojos diciendo que lo estaba viendo, ¡pero si era imposible!. Todavía hoy me río. Como estas tengo infinidad de anécdotas.

Siempre quiso portarse con todos, quedar bien, no molestar ni crear cargas a nadie y lo mantuvo hasta el final. Lo hizo como ella siempre quiso, con un rápido adiós. Si hubiese tenido testamento seguramente vendría claramente escrito y rubricado, como no, con su pulgar derecho.

Aún mantengo conversaciones con ella. Sí, esas conversaciones interiores que todos tenemos pero con la diferencia de que, en el fondo, se que es ella realmente quien contesta.

Te echamos de menos y lo digo en plural porque sé que escribo en nombre de muchos.

Hasta siempre ...




miércoles, 26 de mayo de 2010

Y nos fuimos pal Rocio ...

Ante todo quiero que sepáis que esta entrada no es plagio de mi buen compañero Marsyas, de hecho sé que ha publicado su entrada y no la he leído todavía, simplemente es que el camino lo hicimos juntos.

Los que me conocéis, sabéis que soy una persona a la que le encanta debatir y pelear, sanamente, sobre un tema, por aquello de la conversación. Pues bien, unos de los temas que siempre me ha gustado, y sobre todo con dos de mis tíos, era sobre el Rocio y el camino, sobre la "fiesta" que acontece en él.


Para hablar con propiedad le propuse ha Marsyas ir este año, solos o con las mujeres, nos daba igual, pero queríamos ir. Obviamente fuimos con nuestra señoras que al final le agradaba la idea.

Sábado, 7,15 de la mañana, nos encaminamos para el Rocío.Cuando llegamos, sobre las 12 de la mañana, ya nos estaban esperando nuestros anfitriones, mis dos tíos (uno de ellos padre de Marsyas), rocieros de pro. Abrazos y alegría. Cuando nos instalamos, más adelante os contare donde y como, nos fuimos a visitar la Ermita del Rocío.


Simplemente subiendo las escaleras me di cuenta de una cosa. A la virgen del Rocío no se la va ha ver, ella te llama. Te llama y te lleva; para que la veas, para que le hables, para que le cuentes tus problemas, para que le pidas y para que le des las gracias.
No puedo describir con palabras lo que paso, lo que sentía. Un lleno en un vacío, un llanto ahogado, una alegría inmensa, una llamada. Aún, escribiendo esta entrada, tengo ese nudo en la garganta que, ni toda el agua de aquellas marismas puede deshacer.

Te das cuenta de que existe, de que esa imagen tiene poder y de que realmente te escucha. La gran prueba la tengo a mi lado. Mi querida y amada esposa. No necesitaba palabras, simplemente con ver su rostro notaba su fe y su júbilo, cosa impensable días atrás.



Todo el mundo tiene su historia, historias que te ponen los pelos de punta y te hacen pensar. Estando el Domingo en el porche de la casa donde se alojaban mis tíos con sus compañeros, se nos acerco una señora, creo recodar que de Alicante, para preguntar sobre unos horarios y al final nos contó su historia: su marido sufría de cáncer y se iban de vacaciones a Matalascañas. Cuando pasaban cerca del Rocío, se les ocurrió visitar, por curiosidad, la tan aclamada por todo el mundo Virgen del Rocío. Desde entonces todos los años van a verla, sea o no semana grande. Y lo sorprendente de esta historia es que su marido la estaba esperando, mientras hablaba con nosotros, tomándose una cervecita fresquita y más sano que una manzana. Mucha pero que mucha gente va todos los años sólo para verla y darle las gracias.

Y ahora entiendo a los peregrinos. A los que sudan la camisa, los que llegan "renegrios" de las arenas, hastiados por el calor, soportando un sol de justicia, pero llenos de alegría. Y nunca les falta un poco de vino para aliviar su sed ni un trozo de algo para comer en alguna casa de la aldea. La gente les abre sus puertas a todo aquel que lo necesita. Al peregrino nunca se le niega nada.

Estando allí, y solo allí, se da uno cuenta de lo que es y significa el Rocío. La palabra que sólo se escucha por todos los rincones de la aldea es Gracias, Gracias y Gracias. Todo es agradecimiento a todo y a todos. Nosotros, que teníamos pensado dormir en los coches, nos alojamos al final en la "casa" (una caseta de feria adaptada como tal) de Curro "el patas largas", persona humilde y almonteño de pura cepa. Nos abrió su casa sin pedirnos nada y nos dio todo. Y, como no, cuando nos fuimos, sus ultimas palabras fueron Gracias.

Mi andadura rociera la he emprendido con la mejor gente se podía empezar. Mis hermanos postizos, Marsyas y Jesús; sus esposas, Fany y Sonia y con los compadres de Jesús y Sonia, Antonio y Aroa. Estos últimos eran para mi mujer y para mí totalmente desconocidos pero esta experiencia creo que ha forjado una bonita amistad.

Esta oportunidad nos la han brindado mis tíos y mis tías, que ha disfrutado y han agradecido a la virgen haber pasado un Rocío con sus hijos y sobrinos. Se les veía inmensamente felices, no cabían en si. Pero el que realmente disfrutaba con nuestra visita era mi tío Jorge, Yors para la familia. Disfrutaba con cada rincón que nos enseñaba, con cada anécdota que contaba, con cada sevillana que cantábamos juntos, con el sonido de las palmas. Un Rocío de familia.

Sólo le pido una cosa a la virgen. Que este no sea el ultimo que la visito. Que esto ha sido lo más grande que me ha pasado en mucho tiempo, visitarla rodeado de mi familia.




jueves, 22 de abril de 2010

Aquellos Maravillosos Años

Todos hemos sido niños y todos tenemos gratos recuerdos. Cosas que hicimos, lugares que visitemos, aquellas vacaciones ...
Yo, por suerte, tengo infinidad de esos gratos recuerdos, pero los mejores siempre me han llevado al mismo sitio, mis primos. Menuda panda.

Siempre hemos estado juntos y si no, nos las ingeniábamos para estarlo con mil escusas.
El primero de mis recuerdos fué en la playa. Tengo esa imagen grabada a fuego. Todos los primos durmiendo en un camión, de esos isotermados, y claro, como era un renacuajo, veía el camión enorme. Todos gritábamos porque había entrado algún bicho creo recordar. Ha este recuerdo le tengo un especial cariño porque tendríamos unos cuatro años y me acuerdo solamente de ese momento.
También están los recuerdos de aquellos días en el rio. Uno de ellos, sentados en un tronco caído, compusimos una canción. Todavía la recordamos a veces y seguimos riéndonos como el primer día. Menuda postal, la barbacoa echan un humo de la leche, las cervezas, melones, sandía y demás alimentos metidos dentro del rio para estar a punto de nieve . Esas cosas que se hacían antes y hoy en día es imposible porque, tengo entendido, ya ni siquiera te dejan pasar con el coche. Cargar con esas neveras andando, los niños chillando, la abuela coja..., mejor dejarlo.
Hubo un tiempo que vivíamos en una casita de dos plantas junto a la casa de mi abuela. Cuando nos juntábamos allí los primos y nos quedábamos solos siempre hacíamos lo mismo. Saltábamos por el tejado (que cabezas teníamos) desde mi habitación a otra habitación pequeña que había contigua y estaba cerrada con llave. ¿Por qué?. Nosotros sabemos por qué y aún mantenemos el motivo en secreto.

No sé exactamente la frecuencia de nuestras reuniones pero yo las recuerdo, a día de hoy, casi diarias. Eramos muy pesados. Siempre teníamos algo que hacer.

Montábamos unas "timbas" impresionantes. Según la casa del anfitrión se organizaba la timba de Palé, Monopoly, Ruta del Tesoro o Poker Banca (claro, con las pelas del Monopoly). No os miento cuando os digo que las partidas duraban hasta dos días. Eso sí, ya en aquel tiempo estábamos hipotecados, aunque hay que decir que el banco del juego era bastante menos exigente que a los que estamos acostumbrados hoy en día.

Cambiabamos de edad pero seguíamos siendo unos niños, nuestras timbas, nuestras chorradas y cachondeo al máximo.
Quizás algún día veáis los vídeos que grabábamos, con la cámara de Canal Sur de mi tío, una de esas cámaras que te sientas en ellas y te cuelgan los pies. Echo tanto de menos aquellos ratos ...

Pero bueno, hoy día, a pesar de nuestra edad y nuestras obligaciones, seguimos reuniendonos. Haciendo el gili, pero de otra manera y, cuando pasa un tiempo que no nos vemos, alguno coge el teléfono, "Tio, ha ver si nos vemos", y hay estamos todos.
Esta fraternidad también se la hemos contagiado a nuestros hijos que son entre ellos primos y nosotros titos, para que esta singular amistad nunca se pierda.



Para Hayt, su hermano y Marsyas.




domingo, 4 de abril de 2010

Granada a vista de "Capillo"

Domingo de Ramos. Las puertas de Sto. Domingo se abren.
Gente de todas las edades, aunque los pequeños siempre dominan las primeras filas, se amontonan en la plaza con el afán de ocupar un buen sitio que les permita ver la majestuosidad que se aproximará en breve. Creyentes y no creyentes, cristianos, musulmanes, agnósticos .... todo el mundo ocupa las calles de Granada.

Dos pequeños agujeros liberan mis ojos del capillo. Unos ojos anónimos, sin nombre, sin edad. Unos ojos con pensamientos, con sentimientos, con devoción, llenos de entusiasmo. Unos ojos que observan todo sin ser observados:
El niño que recoge la cera de los cirios que va uniendo, año tras año, a su bola. El que grita emocionado a sus padres que se acerca la Cruz Guía, que "ya viene la procesión". El que, sin maldad, incordia al que tiene al lado, porque está impaciente, no sabe controlar los nervios. El que llora, el que teme a esa figura sin rostro que se acerca o pasa junto a él. El que pide una y otra vez el paquete de pipas y después, sin ninguna espera, el botellín de agua. El que te mira fijamente a los ojos, dudoso de quién o qué hay debajo. El que te pide que lo toques o, simplemente, lo saludes. El sorprendido porque es su primera vez. El costalerillo con su costal, que quizás no pasa aún de los cuatro años. El rey de la Semana Santa, el aguador, el fiel seguidor del paso y sus costaleros, que sabe que llegará el día en que él estará portando ese paso.
La mujer que solloza al paso del Palio, rezándole un Ave María: "que guapa es ...". La señora mayor que, pese a su invalidez, no se pierde el paso de la Hermandad por la Plaza Fortuny.
Mi amiga Inma, fiel a su presencia anual en su balcón dando aplausos por cada levantá.
El antiguo hermano de la cofradia que hace acto de presencia, como todos los años, para ver a su hermandad.
Ese amigo que hace años que no ves y no puedes saludar.
Tus hijos, que te reconocen por el pequeño gesto que les haces y, emocionados dicen: "ese es mi papa".
El fotógrafo, que como siempre, se esfuerza para obtener la mejor imagen para el próximo concurso o, simplemente, para tener su mejor colección de fotos de Semana Santa.
El Guiri, que se queda estupefacto al paso de las Imágenes, admirando su belleza, admirando a ese Nazareno que va descalzo para cumplir su penitencia, admirados.
La pareja de quinceañeros, con sus arrumacos, pero siempre mostrando respeto.
El caradura, que llega el ultimo de rebote, y se quiere quedar hay, el primero, sin pensar en esa familia que lleva dos horas a la espera de que pase la procesión.
El saetero o la saetera de Jesús y María, rizando los pelos de todo el que lo escucha.

De nuevo se abren las puertas de Sto. Domingo al regreso de la Cruz Guia, aplausos y vítores. Veo el Altar Mayor y cierro los ojos. Se terminó la Semana Santa.