No penséis que la tilde esta mal colocada, esta bien. Mamá es madre y máma es mi máma y la de otros muchos. Nunca le gustó que la llamáramos abuela, eso la hacia sentirse vieja.
Como ya sabéis, mis entradas me gustan acompañarlas de imágenes, casi siempre buscadas en la red y lo más parecidas a la realidad de lo escrito pero, en esta ocasión, no va a poder ser. El personaje de esta entrada es único y no hay nada que se asemeje ni se acerque siquiera.
Mi Máma ...
Es facil de recordar.
Su cara estaba marcada por el paso del tiempo, por el trabajo, por la lucha diaria durante muchos años por sacar una familia adelante. Un rostro que, con la edad, se convirtio en dulce, apacible y sosegado; emanaba simpatia, felicidad y, sobre todo, descanso. Descanso por tener casi todo estabilizado, porque había ganado su batalla con la vida y, sobre todo, había derrotado al fracaso.
Pelo canoso, retocado desde primera hora de la mañana y siempre en perfecto estado, de peluqueria o de rulos caseros y redecilla, daba igual con tal de llevarlo arreglado ( la coquetería no decae con la edad ). Tenia que ir presentable a su cafelito matutino. Podía faltar para pan pero no para eso, lo disfrutaba. Fiel a sus creencias siempre llevaba vestido negro riguroso, como mandan los cánones del luto. No recuerdo verla de otra manera.
Era una mujer recta aunque, al paso de los años, el tiempo la hablandó un poquito; siempre que podía te hacia un quite, con las regañinas, el almuerzo que no te comías y te esperaba para la merienda siempre desaparecía, los veinte durillos cuando cobraba ... mil cosas.
Fué madre de sus hijos y nietos y abuela de sus bisnietos.
Una cosa que recuerdo perfectamente y que le tengo mucho cariño (en su momento me molestaba) era cuando se sentaba en su sillón después de comer; se quedaba completamente dormida viendo aquel famoso programa de Canal Sur de los pueblos, cambiabas de canal y, automáticamente, abría los ojos diciendo que lo estaba viendo, ¡pero si era imposible!. Todavía hoy me río. Como estas tengo infinidad de anécdotas.
Siempre quiso portarse con todos, quedar bien, no molestar ni crear cargas a nadie y lo mantuvo hasta el final. Lo hizo como ella siempre quiso, con un rápido adiós. Si hubiese tenido testamento seguramente vendría claramente escrito y rubricado, como no, con su pulgar derecho.
Aún mantengo conversaciones con ella. Sí, esas conversaciones interiores que todos tenemos pero con la diferencia de que, en el fondo, se que es ella realmente quien contesta.
Te echamos de menos y lo digo en plural porque sé que escribo en nombre de muchos.
Hasta siempre ...
